Dicen que cuando es imposible avanzar solo queda echarse atrás para coger impulso y nada me gustaría más que impulsarme hasta volar pero tú y yo sabemos que eso no va a pasar. Al menos yo lo sé, por desgracia lo sé. Sé que nunca seré el que te acompañe de la mano una tarde de verano, sé que nunca seré el que se tumbe contigo en la hierba durante horas, sé que nunca seré el encargado de inspeccionar cada grano que adorna tu piel, sé que nunca seré el que se deje sus labios en los tuyos. Lo sé... sé que nunca seré quien más deseo ser.
Quizá lo mejor sea que me olvide de mis sueños... de mis deseos... de ti... pero es que cuando creo que no puedo ser más estúpido me sorprendo a mí mismo pensando en ti. Valiente forma de olvidarte, extraña forma de quererte, original forma de hacerme daño, ilusa forma de ser feliz... pero qué le voy a hacer si cada vez que recuerdo tu sonrisa una lágrima abrasa mi cara, si cada vez que pienso en tu mirada se me escapa un suspiro, si cada vez que me miras se me rompe el alma.
Seguramente la vida sea esto, al menos la mía, ver a quien tiene mi todo desperdiciarlo como si fuera mera calderilla mientras yo vendería los restos de mi alma al mismísimo cupido, que ha demostrado ser peor que el propio diablo, por tener una mínima oportunidad de tenerlo. Sin embargo aún daría más por ver que al final quien te tenga sepa lo que tiene y que nunca, nunca jamás, tengas que pasar lo que yo, es a todo lo que puedo aspirar ya y espero de verdad que esta vez las moiras sepan qué hilo no deben tocar.
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