lunes, 7 de julio de 2014

Verano

Llegó el verano y con él el calor, la playa, el sol, las vacaciones, el pueblo, las fiestas, los viajes la felicidad para algunos, lo que llevan esperando todo el año, pero cuando menos ropa tenemos es cuando más se esconden los sentimientos. Porque a veces una cárcel no es si no el mejor lugar si tienes a esa persona de compañera de celda y con el verano llega el fin de la supuesta condena convirtiendo a los presos físicos en presos de la distancia, del olvido, del adiós... de la soledad. Más cuando sabes que nunca volverás a estar encerrado en aquella prisión, ni tú, ni ella. Y lo que es peor: seguiréis encarcelados, pero separados. Si era el único alivio para soportar la cautividad ahora deberás arreglártelas para sobrevivir sin su luz, sin la esperanza de llegar a estar con ella más allá de la obligación física. Deberás soportar la idea de que tu tiempo pasó y este es uno de esos trenes que no vuelven. Que si no te atreviste a montar en él en su momento ya nunca lo podrás hacer pues ya salió del andén rumbo a otra estación que sí tenga un pasajero digno de él.

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